jueves, octubre 19, 2006

EL ESCANDALOSO CASO DE PEDERASTIA EN COLEGIOS RELIGIOSOS

Historias: Testimonio de José Bonilla • Primera de dos partes
El papá del niño del colegio Oxford

De nueva cuenta, un episodio de abuso sexual y ocultamiento pende sobre un centro de los Legionarios de Cristo: el colegio Oxford Preschool. El padre de la víctima hace un recuento pormenorizado.
 
 
Milenio Diario

 
19-Octubre-06
Quiero que se haga justicia y voy a luchar por ella. Y si defender a mi familia me cuesta la vida, será un precio muy bajo. No les tengo miedo". José Bonilla habla con una enorme carga de indignación. Han pasado seis meses desde aquella noche que le cambió la vida. La noche del 1 de abril de 2006, cuando su esposa y él descubrieron que su hijo de tres años había sido víctima de abuso sexual.

Los hechos ocurrieron en el Oxford Preschool, un colegio de los Legionarios de Cristo. Y, según Bonilla, la reacción de la institución acabó por parecerse a otras historias, oscuras: la del Instituto Cumbres en 1983, la del propio padre Maciel.

—Quiero que todo el mundo sepa quiénes son y cómo operan para evitar que historias como esta se repitan —dice a MILENIO—. Y tengo de mi lado algo que ellos nunca van a tener: la verdad.

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Pilar Soto, la directora del colegio, escucha la denuncia de los señores Bonilla. Furiosos, angustiados, aseguran que Joaquín Mondragón Rebollo, el profesor de deportes, abusó sexualmente de su hijo, el más pequeño de sus alumnos en la academia de futbol. Según José, Miss Pilar les responde que eso no es posible. Y les pide dos días para consultar a sus superiores.

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El pediatra de la familia, Roberto Hirsch, pide una serie de análisis clínicos para descartar cualquier infección, sida incluido. José se cimbra.

—Fue algo verdaderamente lamentable. Algo que me tiene muy impactado todavía— dice al recordar uno de los momentos más difíciles del proceso, y muestra los resultados de la biometría, el urocultivo, el examen general de orina y el de anticuerpos HIV; todos negativos.

El doctor Hirsch los refiere con Rosa Korbman de Shein, psicoterapeuta especialista en niños y adolescentes. José saca de su archivo el currículum de Shein y me lo muestra. Cada escena que describe está respaldada por documentos. Del archivo sale también la conclusión de las pruebas aplicadas por la doctora Shein. La evaluación arroja datos que confirman el abuso sexual.

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El consejo directivo de los Legionarios de Cristo designa al director de Comunicación Institucional de la Universidad Anáhuac, Roberto Sánchez Mejorada, como interlocutor con la familia Bonilla. Se muestra muy conmovido con la historia y establece una buena relación con ellos. Les presenta a Ricardo Sodi, abogado del colegio y director de la Facultad de Derecho de la Universidad Anáhuac del Norte. Juntos analizan la posibilidad de presentar una demanda. Sodi insiste que la vía jurídica será el camino más complicado, pero deja la decisión en sus manos. Los dos funcionarios les manifiestan que tendrán tres prioridades: el bienestar del niño, la protección de la familia y la reputación del colegio.

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El 18 de abril, José Bonilla presenta por su cuenta una denuncia penal contra Joaquín Mondragón en la Fiscalía para Delitos Sexuales de la Procuraduría del DF por el delito de violación agravada. Es el gran detonador. Tres días después, la escuela presenta la suya, en términos bastante imprecisos según José, un abogado laboralista de 47 años.

—Ni siquiera señalan el nombre completo de la persona a la que acusan— dice, mientras me muestra una copia del documento.

En la escuela, las 34 maestras y una veintena de padres de familia firman cartas de apoyo al profesor de deportes y reúnen dinero para apoyarlo. Descalifican las acusaciones de Bonilla y comienzan a hostilizar a la familia. Aíslan a los niños, los desinvitan a las fiestas y a los eventos escolares, los separan de sus amigos, les piden que se vayan del colegio.

—No tuvieron la menor discreción con el asunto, ni cuidaron a mi familia, como habían prometido— dice José.

—¿Y qué pasó con el profesor Joaquín?

—Según la escuela, lo suspendieron desde el 4 de abril. Pero en el IMSS se le da de baja, por terminación de contrato, hasta el 1 de septiembre. Curiosamente, un día después de que el juez 17 de lo Penal libra una orden de aprehensión contra él por los delitos de abuso sexual agravado y violación agravada. Está prófugo hasta la fecha.

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Durante la averiguación previa, la familia Bonilla es citada a declarar en la Fiscalía para Delitos Sexuales. José me lee un fragmento de la declaración ministerial de su hijo de tres años: "...que no quiere al profesor Joaquín porque le lastimó su "colita". Que le muerde su "colita". Que le unta una pomada en la boca y luego le mete su "colita". Que él dice no, no, no, pero Joaquín dice que sí. Que si no, no jugará futbol. Que la "colita" de Joaquín es grande y fea, y que le sale algo raro que sabe feo y que él escupe. Que con ellos está otro niño que lo ve todo y que llora mucho…".

José interrumpe la lectura. La imagen vuelve a estremecerlo.

—Varias veces, al salir de la escuela, llegaba con un dulce y la boca muy irritada —recuerda la mamá. —Yo le preguntaba por qué tenía tan roja la boca, pero él no quería hablar. Se pasaba a la parte de atrás del coche y se dormía—.

—¿No sospechabas nada?

—No. Es imposible pensar que algo así pueda ocurrir en la escuela.

—¿Por qué escogieron el Oxford? ¿Conocían a los Legionarios?

—Yo no —dice José—. Yo estudié en escuelas laicas. Y en la Ibero tuve poco que ver con los jesuitas.

—Yo elegí el colegio por el nivel académico y por los valores que inculcaban a los niños —precisa su esposa, abogada, como él—. Quería que mis hijos estuvieran protegidos y la escuela me parecía como una fortaleza.

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El proceso legal sigue su curso y Bonilla conserva en buenos términos la relación institucional. Hasta que se da un incidente que enciende los focos rojos. Sánchez Mejorada le sugiere pedir una segunda opinión y lo refiere con la psicóloga Gabriela Rodríguez. Bonilla accede. Pero al llamarla, ella cree que habla con el abogado de la escuela, y en un tono irónico se mofa abiertamente del diagnóstico de la doctora Shein y le pide que le lleve al niño, "para desmentirlo".

—Sentí que se estaban burlando de mí —dice Bonilla.

Indignado, llama a Sánchez Mejorada y a Eugenio Grandío, director operativo de todos los colegios de los Legionarios. La psicóloga se ve obligada a escribir una carta de disculpa. José también la tiene en su archivo.

—Ahí abrí los ojos y empecé a documentarme sobre los Legionarios y el padre Maciel.

***

En julio, José Bonilla le comunica a Sánchez Mejorada su intención de presentar otra demanda, ahora por daño moral. Sánchez Mejorada le dice que el colegio asume su responsabilidad y le ofrece, compensar todos los gastos relacionados con el asunto. En agosto se reúnen por última vez y Sánchez Mejorada le pide que fije una cantidad "para dar por terminado el problema". Bonilla lo consulta con el abogado Salvador Ochoa, quien unos días después recibe una llamada de Ricardo Sodi en la que se refiere a Bonilla como un extorsionador que usa a su hijo para exigirles a los Legionarios cien millones de pesos.

Es el punto de quiebre. Bonilla toma la decisión de hacer público su caso. La revista Proceso da a conocer la historia el 24 de septiembre.

Los Legionarios insisten en llegar a un arreglo, pero a Bonilla ya no le interesa.

—Voy a presentar dos denuncias más —me dice—. Una civil, por daño moral, contra el colegio, la directora y el profesor Joaquín. Voy a citar como testigos al propio padre Maciel, a Álvaro Corcuera, Superior de los Legionarios de Cristo, y a todas las maestras y padres de familia que firmaron las cartas. Y voy a pedir una indemnización. Y también denunciaré penalmente a Pilar Soto, la directora del colegio, porque el niño estaba bajo su custodia.

—¿Cuándo sentirán que se les hace justicia?— pregunto—. José toma su tiempo antes de responder:

—No sólo poniendo al violador en la cárcel, sino teniendo una sentencia muy firme, que ya no pueda ser recurrida por nadie. Pero siento que la justicia sólo se logrará si ellos declaran públicamente que todo esto ocurrió por negligencia suya, y nos ofrecen una disculpa.

Mañana: La versión del colegio
   
  Marisa Iglesias
 
   

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